Los rayos del sol ya cubrían casi toda la ciudad menos los muebles en la habitación de Hog, ya que estaba ubicada en el primer piso de un edificio pequeño con muchos más altos al rededor, pero independiente de los edificios, la luz no entraría con toda su gloria pues era alguien que no disfrutaba del la luz del sol, ni de los colores alegres del día, a el le gustaban la luces de la noche y lo cómodo su cama en la oscuridad, quizás por eso todavía vivía en ese apartamento de un edificio que parecía quedarse atrás en el progreso de la ciudad, mientras todo al rededor parecía crecer hacia arriba, el edificio parecía el mismo con el paso de los años.
Sus habitantes, incluyendo a Hog sentían cierto aprecio por el edificio, y cada año organizaban reuniones para ver cómo reparaban lo que se desgastaba, como siempre se arreglaban los agujeros que causaban las goteras en la sala común, las paredes en las que aparecían rotos causados por el movimiento de muebles pesados y por otras razones aparentemente inexplicables, la vecina un piso arriba de Hog siempre proponía colocar más plantas en los pasillos dónde aún llegaba algo de luz, y cómo siempre el viejo Joaquin se negaba y a cambio le sugería que las plantas deberían estar en un parque y que si quería plantas pues que se mudara a uno de los edificios más modernos cerca del parque más grande de la ciudad, sabiendo que la señora Norma no contaba ni con el dinero ni la edad suficiente para estar mudándose a un edificio más costoso, ella esperaba morir en este edificio, y aunque no lo demostrara tan claramente como Norma, Joaquin esperaba exactamente la misma cosa.
El edificio además de viejo y característicamente pequeño tiene además otra peculiaridad, y es el hecho de que las personas que viven en él no se han movido en los últimos diez, la última mudanza que hubo fue la de Hog, quien compró el apartamento de "el cocinero" Mauro, quien se había ganado ese título por ser el que más organizaba parrilladas para todo el edificio, pero Mauro había muerto de un ataque cardíaco en lo que sería la última fiesta que organizó para celebrar el fin de año con sus vecinos, y su apartamento lo puso en venta el banco cuando al cabo de un año Hog lo encontró en un anuncio del periódico y lo compro. Y desde entonces nadie nuevo ha aparecido.
El apartamento del cocinero, no perdió su título con el paso de los años, pero Hog no se ha ganado ningún título, él es conocido como el sujeto del apartamento del cocinero, pero a él no le importa, no le interesó ni le interesa conocer de fondo a las personas del edificio. solo le importaba poder entrar dormir, leer, y perder el tiempo viendo los dibujos animados en televisión, no veía las noticias, y tampoco las series de investigación que tanto le gustaban a la gente con la que hablaba, de vez en cuando buscaba una receta del viejo libro de cocina y prepara un plato italiano, mientras dice "fucaccio" con el acento que cree que lo diría un italiano de verdad, aunque no tuviera que ver con la receta, y sin saber que era el nombre de un pan similar a la pizza, pero que decirlo en voz alta lo hacia sentir muy bien, mientras se reía de su propia ignorancia.
- Fucaccio! -Decía mientras levantaba la mano con las puntas de los dedos juntos y entonando el acento en el "ccio".
Se sonreía e imaginaba que podría ser la peor ofensa que se le puede decir a alguien en el país de la bota, y como si estuviera mentándole la madre a su peor enemigo señalaba con el tenedor a un punto distante en el corredor volvía a decir - Fucaccio! - Ponía la cara seria por un instante y soltaba una risa como haciendo una travesura.
Con la sonrisa en la cara corta la carne, y los tomates, la cebolla, coloca todo en una olla, lee la receta en el libro y coloca los ingredientes tal y como dice, lleva a cabo cada paso al pie de la letra, y así pasa una hora cocinando.
Saca de la alacena el plato grande que más le gusta, y alcanza también, un vaso de colores con la boca ancha, sirve el arroz en el centro del plato y al rededor coloca la ensalada como formando una figura concéntrica y luego toma un corte de carne y lo coloca encima, saca de la nevera una jarra con agua que había hervido el día anterior, le coloca un poco de jugo instantáneo y lo mezcla, seís cucharadas y media más porque siente que esta última le da el toque que lo deja "perfecto", sirve el vaso, y lo lleva a la mesa junto con el plato, se devuelve a alcanzar los cubiertos, y antes de sentarse a comer arrastra la silla hacia atrás mientras dice "fucaccio" se sonríe un poco, y se sienta.
Hog disfruta mucho esta rutina, son raras las veces que hace algo diferente, y más raras las que disfruta hacer algo distinto, en especial odia las reuniones de vecinos a las que acude porque siempre hay una vecina que toca la puerta y lo llama al teléfono para recordarle que debe asistir, para él es una tortura, pero probablemente si no fuera por esta ninguno de lo eventos que ocurrirían una semana después de la comida circular.
Saca de la alacena el plato grande que más le gusta, y alcanza también, un vaso de colores con la boca ancha, sirve el arroz en el centro del plato y al rededor coloca la ensalada como formando una figura concéntrica y luego toma un corte de carne y lo coloca encima, saca de la nevera una jarra con agua que había hervido el día anterior, le coloca un poco de jugo instantáneo y lo mezcla, seís cucharadas y media más porque siente que esta última le da el toque que lo deja "perfecto", sirve el vaso, y lo lleva a la mesa junto con el plato, se devuelve a alcanzar los cubiertos, y antes de sentarse a comer arrastra la silla hacia atrás mientras dice "fucaccio" se sonríe un poco, y se sienta.
Hog disfruta mucho esta rutina, son raras las veces que hace algo diferente, y más raras las que disfruta hacer algo distinto, en especial odia las reuniones de vecinos a las que acude porque siempre hay una vecina que toca la puerta y lo llama al teléfono para recordarle que debe asistir, para él es una tortura, pero probablemente si no fuera por esta ninguno de lo eventos que ocurrirían una semana después de la comida circular.
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