viernes, 20 de junio de 2014

Vagabundo

No me había dado cuenta que tenía tanta sed, cada trago que tomaba entraba como un pequeño milagro, y hacia que mi garganta se sintiera tan bien, el frio comenzó a entrar en mi cuerpo, y podía sentir cada gota de agua rebotando felizmente contra mi estómago vacío. Al fin cuando ya estaba satisfecho me eche a andar, como siempre sin rumbo por las calles de esta ciudad.
Las personas siempre voltean la mirada hacia mí, sobre todo los curiosos niños, el color rojizo del atardecer ya se podía ver en todo el cielo, y el viento del día se movía como previendo el venir de su hermano nocturno más frío y misterioso. Caminé hasta un pequeño rincón entre dos tiendas una de comidas de todos los olores fabulosos que las personas se dan el lujo de comer a diario hasta que ya no los sienten y hasta desprecian, yo quisiera probar un bocado de aquella comida por mí mismo, en la otra tienda no podía entender la función de la misma, la gente tomaba trozos de pieles coloridas y las sacaba en bolsas de ese tejido blanco con mal olor.
Me recosté contra la pared y dejé caer mi cuerpo en el suelo, sentí cada paso que había dado durante el día, esperaba que el pequeño rincón evitara que el frio penetrara en cada fibra de mi piel durante la noche.
Cerré los ojos, y pasaron quizás tres horas en un instante, el hombre de la tienda de comida al que ya he visto muchas veces me dio un poco de sus sobras, era claro signo de que ya estaba por cerrar la tienda, comí insaciablemente mientras el hombre cerraba la cortina de hierro y se iba como siempre me quedaba viendo su espalda hasta que lo perdía de vista en la siguiente esquina de la calle. Luego retomaba mi rumbo, hasta el parque que está en medio de una agrupación de edificios bajos, sé que viene mucha gente durante el día, pero de noche es simplemente muy tranquilo uno que otro hombre aparece con su chimenea encendida y un andar intranquilo.
El parque es el lugar perfecto para descansar, el árbol robusto en el centro mantiene cierto calor en su pata y yo simplemente me acuesto en sus raíces, que nunca están más frías que el piso, caro esta puede ser solo mi opinión desviada por el placer que le producía a mi alma dormir en este lugar.
El color del cielo ya era azul pero el parque continuaba a oscuras, igual que el resto de la ciudad, un sentimiento inquietante me despertó, algo era diferente aunque no podría decir exactamente qué. Me senté y estiré mi cuerpo, miré a mí alrededor y supe lo que había cambiado, era el aire, estaba pesado, sin olores, como si el viento se hubiera detenido luego de aplastar todos los aromas contra el suelo.
Pocos son los que tienen la habilidad de sentir esta diferencia, y por eso las personas que se paseaban enérgicamente por la ciudad lo hacían como cualquier otro día, pero yo podía entender que esta pesadez venía de una de las calles que daban contra el parque, y cómo pudo más mi miedo que mi curiosidad avancé en dirección contraria, hacia el arroyo oloroso bajo el puente de piedra en medió de pasto y arboles enormes, ninguno tan placentero como aquel en el parque. Me detuve a ver el pequeño torrencial de agua justo en medio del riachuelo construido por las personas de esta ciudad, el canal de piedra parecía venir de muy lejos y nunca le había visto el final.
Los miles de olores que emanaban del agua son un poco nauseabundos, pero en este lugar ya no sentía aquella atmosfera que me obligo a huir, pase unas horas acostado en una pelambrera de pasto al lado del arroyo artificial, y escuchando el pequeño curso del agua silenciado por los sonidos de los vehículos, que pasaban en la carretera cercana, y recordé a un viejo amigo con el que pasaba mis horas todos los días, jugando y haciéndonos compañía, a veces cazábamos en el bosque cercano, y pasábamos la mayor parte del tiempo simplemente caminando y explorando, pensé que si alguien podría entender el cambio en el ambiente era él, siempre que íbamos de cacería demostraba que tenía un olfato mucho más agudo que el mío para eso, siempre conseguíamos algo, y siempre era él quien encontraba la presa del día, yo simplemente le seguía, nunca pude aprender su técnica, y ahora estoy solo e ir de cacería simplemente no se me da, lo único que puedo hacer para sobrevivir es depender de la buena voluntad del hombre de la tienda.
Me dio un poco de tristeza y me eché a andar por la ciudad, mientras caminaba y los carros pasaban por la avenida, recordé que Baco le gustaban mucho las palomas, y siempre quería cazar una, pocas veces lo lográbamos pues eran muy escurridizas y podían dejar atrás parte de sus plumas cuando por fin las agarrábamos, el día en que Baco murió yo logré atrapar una paloma y se la di porque,  simplemente no entendía el gusto que él les tenía yo simplemente no podía soportar su sabor. Esa tarde la pasó hablando de la textura de la paloma de lo buena que estaba, pero que no se comparaba con el sabor de las palomas que vivían fuera de la ciudad, parecía un chiquillo otra vez hablando de sus aventuras.
Esa tarde en el parque había unos niños jugando, Baco y yo solo los mirábamos, se lanzaban una pelota de lado a lado, y la atrapaban con sus manos, el juego consistía a no dejar que algunos de los niños atraparan la pelota en el aire, en un instante la pelota cayó hacia la carretera, y Baco se levantó animadamente a recoger la pelota antes de que los niños se lanzaran a la calle, sin fijarse en que un carro bajaba por la calle más empinada del parque sin hacer el más mínimo ruido como si tuviera el motor apagado, el frente del carro alcanzó tumbarlo contra el asfalto y el resto del vehículo deposito su peso a través de las ruedas sobre el cuerpo de mi mejor amigo, lo último que salió de su boca fue un aullido de dolor, y yo solo pude mirar, el carro no se detuvo los niños gritaban yo no me lo podía creer, me senté en el andén junto a su cuerpo, pudieron pasar horas hasta que llego un grupo de gente vestida en batas a recoger lo que yo sabía era el cuerpo sin vida del mejor cazador que conocía, no sé a qué horas llego la noche, ni a qué horas se fue, pero al día siguiente la ciudad seguía su curso como si nada hubiera pasado, como si Baco nunca hubiera existido.
Seguí caminando por horas, hasta que el atardecer volvió anunciando que era hora de volver con el hombre de la tienda para que hoy también me diera un poco de su comida, hice una parada en un riachuelo natural que se formaba en medio de una casa abandonada para tomar un poco de agua, para cuando llegué a la tienda el hombre ya estaba cerrando la cortina, y cuando me vio sacó una bolsa con comida y me la dio, yo agradecí y comí, espere a que su figura desapareciera en la esquina y volví al parque para descansar.
Cuando llegué a las raíces del árbol entendí lo cansado que estaba, y dormí hasta la mañana siguiente, el cambió atmosférico me despertó nuevamente, esta vez mi curiosidad le gano a mi miedo, y me dirigí al lugar de dónde venía aquella fuerza capaz de aplastar los aromas hacia el suelo. Desde la esquina de la cuadra no veía nada anormal, solo lo podía sentir, empecé a caminar y sentí como si el espacio mismo se desplazara de lado a lado, cada paso que daba me costaba más trabajo que el anterior, pero era demasiado tarde para dar marcha atrás, quizás un poco embriagado por el desplazamiento espacial no podía pensar con franqueza, en un momento no pude caminar más, pero no era necesario fuera lo que fuera ya estaba a mi lado, lo podía ver si volteaba la cabeza solo un poco, busque fuerzas para mover mi paralizado cuerpo solo un poco más y cuando logré girar vi, lo que parecía ser una persona cualquiera sentada en las escaleras de la entrada de un edificio con los ojos cerrados, en una posición tranquila como concentrado en sí mismo, en el flujo de energía que lograba a través de su cuerpo hacia afuera, sonrió.
-          Así que tú lo sientes –dijo con una voz muy calmada- hasta ahora pensé que era solo mi imaginación jugándome trucos

No le respondí nada, simplemente terminé de girar mi cuerpo y volví a mis días de vagabundo.

miércoles, 18 de junio de 2014

recorte

La música estaba muda, no se distinguía del ruido.
-          ¡María!
Un grito ahogado en el silencio.
-          ¡María levántate!
Esta vez un grito fuerte.
María consiguió volver en sí, y lo primero que noto fue que un calor revestía todo el lugar, miro con atención a Carlos estirando la mano y señalando hacia dónde unas escaleras de piedra comenzaban a bajar.
-          ¿A dónde vamos?, preguntó María con un tono de preocupación.
-          Tenemos que irnos, el tipo ese está loco, no sé cómo lo ha hecho – se detuvo un momento y miró a su espalda, volvió la mirada a María – y no sé qué hará ahora, mejor es que nos vayamos.
Ella recogió las prendas que pudo del piso con una mano y con la otra la cartera roja, los zapatos con tacones que había comprado un día antes no los podía dejar y los envolvió en la ropa que llevaba en la mano y siguió a Carlos hasta la escalera de piedra, la bajada a toda velocidad parecía muy peligrosa, pero llegaron hasta el final de la escalera sin ningún tropiezo.
Cuando se acercaron al carro, todo parecía relativamente tranquilo, la oscuridad revestía las luces del parqueadero como si las quisiera ahogar. El silencio que había hace un momento no estaba, se había convertido en un silencio distinto, calmado, María sabía que no había nadie cerca pero no tenía intención de hablar y perturbar aquel silencio arrullador. Cuando Carlos abrió la puerta, ella dio la vuelta al carro y abrió la del lado del copiloto pasó lo que llevaba, excepto por la cartera, por encima del asiento y lo dejó atrás en la oscuridad del carro.
Carlos intentó prender el carro sin éxito, el vehículo no respondía, ni siquiera hacia ruidos de ahogarse cuando giraba la llave, no se encendían las luces, no hacía nada, María miro el lugar de dónde venían y estaba completamente en llamas, le sorprendía haber salido de allí a salvo. Carlos vociferaba maldiciones contra el vehículo mientras oprimía los pedales y giraba la llave.

María tuvo un momento para detallarse y vio una cicatriz en su brazo, muy roja, de un rojo brillante se extrañó que no sintiera nada y acerco la otra mano para tocar esa mancha, y lo que vio la dejó perpleja, toda la otra mano estaba en peor condición casi podía ver sus huesos ennegrecidos, trató de gritar, pero su cerebro no podía encontrar el tracto por el que normalmente sale el sonido, sintió entonces, en su cabeza un pedazo de piedra y lo único que veía ya no era a Carlos, ni el carro, era solo el color rojizo del fuego cubriendo el piso y tratando de ahuyentar la oscuridad y luego no vio nada.

miércoles, 24 de abril de 2013

Otro dia

He olvidado escribir acá, pero más es por que no osada nada nuevo que valga la pena reportar, salió un anuncio en internet que busca gente ppara un viaje solo de ida a marte. Esta idea me ha sonado, aunque la mayoría de los que conozco ni siquiera lo pensaron.. Quizás ellos están muy amañados con su vida en la tierra pero yo no

viernes, 29 de marzo de 2013

Por la carretera

Es divertido ver como cambia el paisaje gradualmente, bueno y si no, es lo más divertido que hay que hacer en el carro, lo demás es solo ver las piernas y sentir la incomodidad de tenerlas tan largas. Mi hermano no deja de tomar fotos con la cámara de la novia, es una buena cámara no la mejor pero si mucho más que la de mi celular.

El paisaje esta lleno de arboles y niebla, el amanecer siempre me ha parecido común con neblina, aunque siempre lo he preferido con sol, porque pareciera que tuviera algún sabor dulce y suave. La carretera es muy inconstante, y puedo escuchar el viento rozando el carro.

jueves, 28 de marzo de 2013

Camino a paipa

Parece que llevo 6 dias sin es,ribjr, tal vez menos. Noy vamos a paipa, unlugar furistico en esta semana santa, la radio habla de la cantidad de gente que viaja en esta época y el tráfico de drogas, lo de siempre.

A mi no me gusta viajar mucho pero a mis padres les fascina, y no les voy a arruinar el paseo por un capricho mío, además quien sabe, podría conocer a mi alma gemela.

sábado, 23 de marzo de 2013

Quarter

Nada como un sabado, despertar tarde desayunar bien y jugar en mi xbox 360 con mi hermano todo el dia